Vagar

De las cosas que más me agradan ultimadamente es caminar. Precisamente en el transcurso de esta semana, después de hacer las últimas labores escolares, decidí dar la vuelta, más o menos del Palacio de Bellas Artes hacia el zócalo capitalino, sobre Tacuba. Iba observando toda la cantidad de negocios establecidos, desde lugares en donde te puedes tomar un café, comer alguna hamburguesa, comprar telas y hasta algunos aretes. No lo había percibido, pero las avenidas principales estaban cerradas, mi sentido común me decía que caminara por la banqueta hasta que, de pronto, me percate de que muchas personas caminaban por la mitad de las avenidas. No sé, en ese momento pensé que hay lugares que absorben de alguna manera tu atención, logrando a veces, reducir la percepción del resto del espacio. El intenso movimiento que gira alrededor del comercio, las salidas, las entradas, los anuncios, las vitrinas, hicieron que no viera algo tan obvio a unos cuantos metros, como era la ausencia de autos.


Después llegue a la Plaza de la Constitución. Ahí como es regular en estas fechas, se encontraban juegos; una especie de gran bajada de nieve, la pista para patinar, un montón de pinos y no sé qué tantas cosas más relacionadas con la navidad. La gente parecía desplazarse rápidamente de uno a otro lugar, haciendo filas largas y en otros juntándose para ver las actividades. Sólo se movían con, sed como llenos de adrenalina. Caminé un poco más hasta llegar a Corregidora, en donde había estacionados una serie de autobuses, y se escuchaba una bocina de la cual salía un discurso. Era una protesta de campesinos de Atenco, con todo y sus machetes. Luego di vuelta a la izquierda y me metí en unas pequeñas calles, llenas de objetos navideños ―de todo tipo― y un montón de gente comprando, además de los diablos y bolsas por doquier, lo cual dificultaba el paso. Pase hacia el otro lado y me encontré con más puestos, desde la venta de objetos de vidrio hasta unas taquerías. Regrese por el mismo lugar.


Bueno, todo este rollo, sólo para decirles que, en ciertos lugares pueden llegar a convivir una serie actividades, de las más variadas que te puedas imaginar, incluso hay algunas de las cuales no nos damos cuenta, pero están ahí. Sentí que cada vez que me detenía a ver lo qué pasaba, era como si te contaminaras de ese entorno, de lo que los demás estaban haciendo, es como si cada lugar tuviera ganado cierto papel. No podías gritar adentro de alguna iglesia, pero sí afuera en la calle. En cada parte tu comportamiento parecer tender a cambiar, todo a través de movimiento que nosotros nos damos.